La buena radio, ¿dónde escucharla?

Radioconfrontación

Radioconfrontación

Lo que el gobierno ha venido llamando como, “situación actual de los servicios de radiodifusión en Venezuela” y que comenzó con una convocatoria para que todas las radios y televisoras del país entregaran una carpeta con fotocopias de sus recaudos que iban desde las respectivas habilitaciones, datos del concesionario hasta las planillas de los pagos de los respectivos tributos, se ha convertido en un tema de verdadera polémica sobre libertad de expresión y el papel del estado en la regulación de los medios.

En Venezuela el control y regulación de los medios ha sido tradicionalmente caótico hasta el punto que hoy tenemos un verdadero desastre expresado en el espectro radioeléctrico, por ejemplo si vamos en un carro por las grandes ciudades del país escucharemos señales de radio que se montan una sobre otra, y surgen las preguntas más obvias: ¿cómo se puede escuchar radio de esta manera?¿quién le dio permiso a estas radio?¿porque están tan juntas? Lógicamente tiene que existir un órgano que funcione efectivamente y que ponga orden en nuestro espectro.

Si partimos de la buena fe, pensamos que la acción del gobierno está encaminada a regular esta y otras situaciones, que tienen que ver con los permisos, los documentos, los pagos de los tributos, el IVA y las relaciones comerciales que realizan las empresas radiofónicas. En este sentido no ha habido claridad sino puros rumores, es decir, como es o será el tema de la publicidad, el tiempo de la publicidad en la radio, las relaciones comerciales entre las radios y las agencias de publicidad, la forma como deben llevarse los libros contables, las transmisiones de los circuitos, el funcionamiento de los circuitos y la cantidad de radios que pueden formar parte de él, etc. El otro aspecto tienen que ver con lo que debería ser lo central de toda radio, su programación y la producción de contenidos, si partimos también de esta buena fe, el estado debe promover que tengamos cada día una mejor radio dedicada a la ya clásica fórmula de informar, educar y entretener. En este sentido entraríamos en un profundo debate sobre lo que significa para el sector del gobierno esta fórmula y lo que representa para el sector de la empresa mediática.

Todas las personas tenemos derecho a recibir y ofrecer información, en esa dinámica se inserta la libertad de expresión, por tanto los monopolios informativos terminan atentando contra esa libertad, esos monopolios suelen ser de los grandes medios, de lo que se llama la empresa mediática o de los gobiernos que lo controlan fiscalizando, o sencillamente dominando el ámbito informativo con sus medios como voces únicas.

En el caso de la radio venezolana, desde su desarrollo en el años 30, el sector empresarial fue quien tuvo la posibilidad de desarrollar esta nueva actividad comercial en el país, quedando los medios en general en manos de unos cuantos empresarios, aunque esta situación se ha diversificado en los últimos años no ha variado significativamente. Tener la concesión de una radio en el país era prácticamente imposible para sectores no empresariales o políticos influyentes del país, cuando surge la idea de las radios comunitarias y comienzan a instalarse las primeras, el espectro estaba lleno, no había espacio para nadie más. De allí que buena parte de las radios comunitarias se encuentran en calidad de clandestinas o ilegales, aunque también muchas emisoras pertenecientes a circuitos comerciales comparten esta misma condición.
La solución para una regularización de las concesiones y habilitaciones de las radios y la producción de contenidos no es eliminar de un plumazo a aquellas que tienen inconvenientes según el registro presentado hace pocos días, por el presidente de CONATEL Diosdado Cabello, en la Asamblea Nacional, sino entrar en un profundo debate sobre el papel de los medios en la libertad de expresión, el fortalecimiento de la democracia y la participación de la gente en las dinámicas de producción en los medios.

Los circuitos son tradicionalmente comerciales y han construido sus alianzas en un sistema de producción y ventas, pero ¿qué pasará con aquellas radios que no entran en esa lógica, como las que se han constituido en redes como el caso de las radios de Fe y Alegría, o las que ya han constituido asociaciones de medios comunitarios? También los interrogantes se posan sobre los medios públicos que han crecido significativamente en los últimos meses y donde la programación es prácticamente en cadena y desde la capital de la República. La reorganización de las radios en el país debe comenzar por un profundo diálogo, lleno de información clara y donde el gobierno ajuste también sus dinámicas de producción de contenido en los medios de radio y televisión que gestiona.

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